En menos de un mes, al menos 70 generales y coroneles del Ejército y de la Policía, más de la mitad, han sido removidos de sus cargos. Algunos porque están acusados de delitos; otros, sin explicación. Los anuncios se han dado a cuentagotas, sin mecanismos formales. Hubo un grupo que fue informado de su despido en la medianoche. Otro cuyo nombramiento fue luego suspendido.
La preocupación de los expertos es la improvisación y que se saltaron mecanismos formales, tradicionales y académicos que solían dar la pauta para remociones y nombramientos.
En su remplazo, Petro ha puesto coroneles y brigadieres que apoyaron el proceso de paz con la guerrilla de las FARC firmado en 2016, que no están acusados de delitos y que al menos en apariencia no responden a ninguna de las cuestionadas estructuras de poder que han manejado las Fuerzas Armadas por décadas. Medios locales también han reportado que el interés de Petro es ascender más mujeres a la cúpula.
El resultado es que, en este momento, la Policía Nacional, una entidad que Petro quiere sacar del Ministerio de Defensa, tiene solo ocho generales para liderar casi 200.000 miembros.